La mañana del día siguiente la pasé en el zoo con un grupo de la G. H. Reconozco que ir a ver animales es algo que a priori siempre me da un poco de pereza, pero cuando ya estoy allí al final lo paso genial... aunque se me olvida para la siguiente. En este caso he disfrutado especialmente con la parte de fauna australiana ya que vimos una simpática representación de cada uno de los bichos que pueblan este terruño de más de 7 millones de kilómetros cuadrados. Lo mejor: la manera en que está organizado el zoo, ya que no hay jaulas, sino unos sitios acotados (bueno, sí, son jaulas a fin de cuentas) donde puedes entrar con los animales por allí dando vueltas entre la gente. Al parecer este sistema no funciona con tigres y leones ya que todos quieren ser los campeones. En comerte.Vimos canguros, wombats, algunas araña y, sí amigos, ¡el esperado koala!... aunque hablaré de ellos más adelante. También contemplé un plátipus nadando en su piscinita, visión que me trajo a la memoria aquel estribillo tan famoso de Gutierre de Cetina: ¿Porqué te dicen “mother”, madre?. / ¿Porqué llaman “five” al cinco? / ¿Porqué lo han nombrado “plátipus” / si se llama “ornitorrinco”?.
Esa noche salimos para despedir a C. que también se va ya (fijaros que acabo de llegar y ya he ido a tres fiestas de despedida, supongo que cuando yo me vaya me harán una de “Bienvenida”). Fuimos a la misma zona del viernes anterior; que resulta que se llama Jonhston St., y es el barrio español de Melbourne, no porque vayamos mucho nosotros sino porque es el lugar donde los inmigrantes españoles tienen sus locales, entre ellos la famosa “Casa Ibérica” de la que os hablé, que por lo visto vende jamones, chorizos y todo tipos de viandas típicas. Yo no aguanté mucho porque venía servido de la noche anterior y además porque por la mañana había que estar despejados para disfrutar la segunda visita a las afueras: Phillip Island.
Tras unas cuantas palmas al son de “iun-dou!, iun-dou-trei!, cuatrou-cincou-sei, seiti-ouchou, nueve-ten!” llegamos a Phillip Island. Paramos en una especie de oficina de turismo que resultó ser una pequeña fábrica de chocolate (!!). Nos informaron de todo: dónde estaban los koalas, dónde estaban los pingüinos y, por supuesto, dónde estaban los baños, que era lo que habíamos preguntado. Salimos pitando a tomar algo, ya que a las 18 eran los pingüinos; fuimos a un pueblecito que había en plena playa y, bueno, nos pusieron el mejor “Fish & Chips” que he comido en mi vida... lo cual no tiene mucho mérito ya que era la segunda vez que lo hacía. Tal como le metí mano pensé que realmente deberían llamarlo “Oil & Fish & Chips”, pero me lo zumbé encantado, el turismo tiene estas cosas... [Bloc de notas: “la próxima más que vaya a Ph. Island llevar sal de frutas”].

Sobre las 14 llegamos al parque de los koalas, que no me acuerdo del nombre, pero seguro que no ando muy desencaminado si os digo que se llamaba “Phillips Island Koala Park”, porque aquí no se complican mucho la vida en estas cosas...
La verdad es que el día antes en el zoo había vista un par de koalas y me habían parecido monos...
Pero cuando yo vi este bichillo salvaje, que os muestro en la foto, os diré que... directamente me moría de amor y quería quedarme allí amándolo por toda la eternidad. Siempre me parecieron un pelín estúpidas las niñas con fotos de koalas en la carpeta, pero ahora os digo: soy una más de vosotras, acogedme.
Estuvimos dando un paseo por el parque y vimos bastantes koalas, koalitas e incluso una araña saltarina pica-pica amarilla que casi mata de un susto a M., aunque según el guarda del lugar no era peligrosa. La araña digo... mi amiga sí lo es. “No os preocupéis, las peligrosas son las negras con punto blanco en el abdomen” nos decía riendo el señor, “gracias, nos quedamos más tranquilos”. Y huimos de allí.
Cuando íbamos hacia la playa de los pingüinos empezó a diluviar... así que hicimos tiempo en una bodega de degustación de vinos que nos encontramos de camino. Tomamos un poco de cada una de los doce o trece que tenía por allí (todos menos el conductor, mamá) y en diez minutos, no me preguntéis porqué, estábamos todos supercontentos de que lloviera, felices con aquel señor tan simpático que nos servía una tras otra: “Gran tierra de vinoz ésta, zeñor, (hip) ze lo dice un españoool... (hip) ¡Bésame, picarón!”. En fin, nos gastamos todo lo que llevábamos en botellas y partimos: el encuentro con los pingüinos era inminente...
aunque aburrido... para que os voy a engañar. Todo consistía en ir a ver, de lejos, una colonia de pingüinos, de las pocas que quedan en Australia, que al caer la noche salen del agua y se van a su nido todos en fila. El tema es que lo tienen montado como si fuera un campo de fútbol: con gradas, focos y un pequeño centro comercial con tazas, postales, camisetas e impermeables (esto sí lo agradecí porque caían chuzos de punta) con dibujos de pingüinos. Una pena, la verdad, porque por ahora todo lo que me he encontrado por aquí está perfectamente integrado con el medio... y esto me pareció, masificado y poco emocionante. Lo mejor fue verme sentado bajo la lluvia, rodeado de orientales con capucha, en una grada a la orilla de una playa australiana al lado de C., los dos con impermeable hortera y buscando una canción para comunicar nuestros respectivos sentimientos sobre el momento “pingüino”. La elegida fue: “qué alegre ilusión es ir con Mary!... qué bueno es ir con Mary a paseaaaaaar!”, él en inglés y yo en español... y oye mira, así profundizamos un poco más en nuestra amistad y menos en mi inglés. Después vimos a los pingüinos de cerca, porque el camino de vuelta al centro comercial va por medio de los nidos: “¡no les hagan fotos desde la grada que se estresan!”, nos decían. Pensarán que para un pingüino tener a mil japoneses con impermeable gritándole en pleno nido por el camino de vuelta debe ser chill-out del bueno...
No diréis que no dio de sí el fin de semana... Pues en la próxima entrega os haré un amplio resumen (¿un resumen puede ser amplio?) de mi viaje a Queensland: la tierra de los Bosques lluviosos y la Gran Barrera de Coral. Sólo os adelantaré que hablaré de aborígenes borrachos, karaokes inmundos, arañas gigantes y de Lola Gaos. Todo aquí: en culo-en-burra, el blog que sigue menos gente que a un puercoespín bailando la conga.
Desde el país donde “El Koala” tendría que cantar desde un parque nacional... (Alf, gracias por la aportada del CD) os ama y besa. J.
9 comentarios:
Amigouuuu!!!! CAda día te superas más, eres genial, no se poruqe pero cuando leo tus relatos me imagino estando a tu lado, y por un momento pienso que estoy en Australia, disfrutando de todos esos pinguinos, koalas y demás billejos, menos de las arañas, que esas te las regalo todas, hasta las amrilla pica pica saltarinas, jeje. Sigue disfrutando y narrándolo en este maravillosos blog. ITA
jejeje bravo bravo por tus aventuras, los koalas, las arañas pica pica saltarinas y la residencia que te lo da todo. te amamos jotono!!!
Genial una vez más compañero, no quiero ni imaginarme el día que vuelvas a casa y ya no podamos seguir tus andanzas por tierra australes. Desde aquí sugiero que sigas con el blog aunque tengas que narrar un viaje a por ejemplo La Pedraja de Portillo , que es el pueblo de mi madre, que no tiene nada que reseñar pero que seguro que tu algo le sacarías para echarnos unas cuantas sonrisas.
Por cierto tan feas son las chicas por allí que no cuentas nada de ellas so pillín, no nos ocultarás algo? Bueno Joto disfruta un montón y sigue deleitándonos con tu entretenida literatura de viajes. Besos.
yujuuuuuuuuu!!!! ves, solo era cuestión de tiempo. Ya estoy aquí hermano. Oye sufro por ti día y noche, ya veo que lo estás pasando fatal. Si, creo que vamos a tener que ir a recogerte (jurjurjur) que me imagino yo a los pingüinos bailando en plan peli Mary Poppins y esas arañas taaaaaaaan estupendas que tenéis por animales de compañía.
Seria estupendo poder estar allí contigo, (bueno allí, o donde fuera).
Hermano que te aloviuuuu!!!!
Y que yo ya estoy siguiendo esta conga de puercoespines. ¡¡Cha-cha-cha-cha-cha-chaaa!!
Por cierto, voy a poner tu blog, en enlaces de mi flog, (eh!! Ya con tecnicismos friquis y todo)
Bueno mi amor, un besazo
Se me olvidó poner quien era (jurjurjur)
Frd: La anónima e tu hermana
Resulta irónico leer de la rutina en un blog made in joto. Como siempre muy divertido y ante la caída en la desgracia de este pais está bien comprobar que hay vida en el más allá. ASí que confío en que estés creando una columna española antípoda para acogernos tras la deserción.
Espero impaciente el siguiente capítulo. xau.s
Que grande, amigo. Me encanta el relato de tus andanzas. Espero que saques mas tiempo para seguir escribiendo (y yo para leerte, maldita sea), porque me declaro un hedgedog-follower.
Celebro que lo estes pasando bien. Yo estoy disfrutando muchisimo, la verdad. Es de estas experiencias en las que sientes que se ha parado el tiempo, pero luego te das cuenta de que en realidad lo que se te ha parado es el reloj. Y comprar una pila en Espana es muy sencillo, pero en el extranjero cuesta mas...
Un abrazo, pequeno koala.
eres un grande, amigo, eres un grande. queremos más aventuras, más acción, más personajes, nunca fuiste más tintín que ahora...
Yo, francamente, presentaría esto en vez de tu tesis. Suspenderías, pero nos partiríamos el ojete cosa fina...
Abrazos de horror vacui
Nacho
Una nueva entrada preciosa y genial.
Me imagino a la japonesa dando saltos y me da grima... pero más me da la del refresco.
Y estoy contigo: Amemos a los koalas.
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