miércoles, 5 de septiembre de 2007

EL VIAJE

Señoras, señores: ya estoy aquí.
He necesitado 70 horas de viaje, incluyendo el retraso de un barco y dos aviones, la pérdida de un tren, ocho horas de transbordos, cuatro controles policiales en cuatro países y tres continentes... pero ya estoy aquí. Y ha merecido la pena. Os cuento.
La primera etapa, Ceuta-Madrid, parecía lo más fácil: barco, tren, dos películas y... plum! Atocha!. Pues no, pequeños. Nuestras amadas compañías de transporte marítimo del Estrecho, una vez más, se confabularon para convertir este amable trayecto en un pequeño infierno: retraso de dos horas sin ningún tipo de explicación ni disculpa, malos gestos con los viajeros... y la inevitable pérdida del Altaria de las 16.40. Menos mal que durante las casi tres horas que estuve dentro del Ferry me pude consolar con el enriquecedor ambiente multicultural tan propio de nuestras costas en esta época del año y con la delicada presencia de las azafatas de la tripulación de Balearia. Gracias chicas: aquel “¡er barco no ha salio toavía porque va con retrazo!”, acompañado de esa comprensiva mirada de quinqui algecireña, fue muy tranquilizador.
Pasé la noche en Ronda con mi hermano C., y la verdad es que fue un lujo: paseo, charla y una cena magnífica con un amigo suyo en un restaurante sublime donde conocí a las dos camareras rondeñas con más arte de toda la serranía. Gracias precioso, me hiciste sentir tan a gusto que me alegré del retraso del barco. Mua.
Al día siguiente tren para Madrid (éste sí lo cogí) y comida con mi hermano P. en un restaurante gallego (creo). En otros tiempos hubiera pedido pote, carne y pastel, pero como estoy madurando, y ante tamaño viaje por delante, tomé una revitalizadora ensalada, una ligera lubina a la espalda y un trozo de fresca piña (las siguientes 48 horas sin un baño decente a mano agradecieron risueñas esta decisión, os lo recomiendo). P. en su línea: sonriente, solícito y cariñoso, me recogió, me subió y me bajó sin rechistar y, como siempre, me despidió con un beso. Gracias guapo, haces que Madrid sea más fácil. Mua.
Dejé el equipaje en casa de Alf., lugar donde están momentáneamente todas mis cosas de Madrid hasta que tenga nueva casa. Allí me esperaba M., su madre, una santa mujer que soporta estoicamente vivir con todas mis cajas de libros, ropas e instrumentos acumuladas en su pasillo y en vez de odiarme, o desear mi desaparición, se desvive por atenderme una y otra vez. No tengo palabras. Gracias guapa. Mua. Alf., hermano, mua.
El resto del Jueves 30 estuve paseando por Gran Vía e intentando no dormirme. Por consejo de An. compré un guía de conversación en Inglés y elegí la de Lonely Planet; es genial, sobre todo la parte que contiene frases útiles para “el arte de seducir”, que van desde el “No debes venir mucho por aquí porque me habría fijado en ti antes” al “No te preocupes que ya lo hago yo”, pasando por el “creo que deberíamos parar”.
Por la noche cena con mis amados N., M., C. y Alf... (¿dónde estabas M.G?) y vuelta a casa de éste. Sólo pude dormir media hora, pero me dio la vida.
Desde que salí de casa de Alf con los macutos, a las 4 de la mañana del viernes, hasta que pisé suelo Australiano, a las 10 de la noche del sábado hora de Melbourne, pasaron 34 horas. Lo que peor llevé fue la espera de cuatro horas en Londres dando cabezadas entre miles de personas comprando corbatas y chocolate de manera compulsiva. En cambio la de dos horas en la T4 de Barajas fue, como siempre, especial: recordando el día que la visité por primera vez con un casco y unas botas... muchos recuerdos, muchas sensaciones. Es tan bonita... los controles de policía y pasaportes, tan exquisitos...
Aquí fue el momento de calzarme mis chanclas y mis calcetines (gracias tito P. por el consejo)... me sentía como un guiri...¿pero acaso no lo era?...
Vuelta a Heathrow. A las 11 am, al fin, anunciaron cuál era la puerta de embarque del vuelo QA030 Londres-Hong Kong-Melbourne de la compañía Quantas. Allí me esperaba un flamante Boeing 747-400 con un canguro monísimo pintado en la cola. Por dentro no me decepcionó, aunque esperaba más espacio entre asiento y asiento, estrechez incómoda compensada, supongo, por la pantallita con películas, discos y videojuegos que te colocan en la cabecera del asiento de enfrente y las tres comidas que te sirven en cada uno de los dos vuelos. Otra cosa que me encantó fue la imagen corporativa de las espléndidas, y aquí no hay ironía, azafatas: rubias, de metro ochenta, con el pelo recogido y unos trajes marrones con motivos aborígenes que te hace amar Australia nada más pisar el avión.
La comida bien, el servicio excelente, el asiento estrecho y los chinos curiosos. Digo esto porque el primero de los vuelos, que hace escala en Hong Kong (Ppssss... Gong de fondo) iba, como era de esperar, lleno de chinos. Los que iban a mi lado izquierdo estaban muertos de risa leyendo una especie de tebeo en letras chinas, digo yo. Los que iban a mi derecha no paraban de mirarme, sonreírme y hacerme reverencias. Supongo que, como voy rapado y he engordado este verano, verían en mí al buda reencarnado que su hijo nunca fue. He de decir que en el avión había un olor a pollo hervido con especias por mí desconocidas, catalizado sin duda por la fisiología corporal de gran parte de los que allí estaban, que me hizo desagradable parte del trayecto y decidí que si China olía así no me verían por allí a menudo.
El vuelo fue largo pero tranquilo. A las 14, hora española, apagaron las luces y nos mandaron a dormir, algo lógico teniendo en cuenta que en Australia ya eran las 22. A mí realmente no me ayudó a echar una cabezada pero... así oscurito, en un 747, con música Chill Out en los cascos y sobrevolando Asia... pues mira, no se estaba tan mal...
La llegada a Hong Kong fue el segundo momento duro. Primero porque eran las 8 de la mañana y mi horario interno me decía que eran las 2 de la madrugada, y segundo, porque me perdí por el aeropuerto. No me preguntéis cómo pero me salí de la fila y me fui a una planta distinta. Le pregunté a una chica en mi magnífico inglés de Colegio San Agustín y con los nervios terminé hablándole en una especie de inglés-italiano-español, muy divertido para contar chistes en las fiestas pero por supuesto ininteligible para un anglosajón de bien. Menos mal que ella era Australiana, sinónimo de simpatía y educación, y me dijo “follow me”. "Ou yeah, baby!", dije, y me dejó sonriente en mi puerta de embarque. Al rato J. R. me mandó un sms diciéndome que estaban de juerga en el Fali y que me querían (yo más) lo cual, teniendo en cuenta que en Hong Kong eran las 9.30 am, dejó mi jet lag en carne viva definitivamente.
Resumiendo: ya puedo decir que he estado en Hong-Kong, pero entre nosotros os diré qué sólo he visto ese trozo de monte verde
De H. K. a Melbourne fue lo mismo pero sin olor a pollo chungo. El avión salió con dos horas de retraso, nos explicaron el motivo unas diez veces, que por supuesto no entendí aunque creo que era algo del motor, y pidieron disculpas otras quince (igualito que en Balearia). Devoré todo lo que me pusieron salvo una manzana que me guardé para llevarla en la mochila y comérmela en la habitación de la residencia cuando llegara (ya os digo que estoy madurando).
Pisamos tierra a las 22 hora de Melbourne. Ningún problema en la aduana. Ningún problema con el macuto. En Australia, básicamente, no hay ningún problema, todo fluye con una amabilidad muy especial.
Y, como no, anécdota: cuando estaba esperando la maleta en el aeropuerto había una señora con un perro detector de drogas olisqueándonos. Al chucho, que era muy divertido porque tenía un rollo entre salchicha y podenco, le dio por la maleta de un señor. Vino la policía y lo registraron allí mismo y... ¿sabéis lo que le encontraron?... la manzana que nos habían dado en el avión!, otro que había tenido la misma idea que yo!. “¿Usted no sabe que está prohibido introducir frutas en Australia, señor?”... “Pues, no”... “Son 200$ de multa, señor”... “Pues, sí”... Imaginad el cuerpo que se me puso cuando me di cuenta de que el siguiente objetivo del perro mamón era la manzana que yo llevaba en la maleta de mi portátil... Qué vergüenza: toda mi vida negándome a pasar nada ilegal por una aduana y ahora me iban a poner la cara colorada por una manzana asquerosa... Pero de pronto... tuve una iluminación: sí... sí!, me había olvidado la manzana en el avión!...bendita mala memoria mía!... yujuuu! de algo habían servido los golpes que me di de chico. Desde Newton nunca una manzana había dado tantas satisfacciones.
Por cierto, una reflexión para las autoridades australianas: las personas que sí se habían comido la manzana en el avión... ¿pueden considerarse “culeros” de tráfico de manzanas?... ahí dejo el debate.
Pasé dos controles de inmigración más y por fin a las 22.40 estaba fuera del aeropuerto. Cogí un taxi: “Please, take me to 220 Leicester St, Carlton”. El conductor era, como todos los Australianos, simpatiquísimo. “Welcome, welcome to Melbourne”, me repetía medio cantando, el genial señor. Tuve un momento muy divertido; de pronto se vuelve y me dice “Two hundred Twini??”, “ehn?”, dije yo. “Two hundred Twini??”, insistió. “Twini??”, ¿qué es eso?. No me preguntéis por qué pero me vino a la cabeza un muñeco con forma de pájaro y cresta roja... el famoso “Twini” australiano, que hace las delicias de grandes y pequeños y que se come las manzanas que tiran en los aeropuertos. “Two hundred twinis?”, doscientos twinis??, ¿dónde?... ¿tantas manzanas tiran en los aeropuertos que hay superpoblación de Twinis en Melbourne?. A los treinta segundos descubrí que me estaba preguntando por el número de la calle adonde íbamos... que los australianos en vez de “twenty” dicen “twini”. Empezamos bien con el inglés. Este ejemplo no es más que una pequeña muestra de cómo va mi listening. Qué decepción: yo quería comprar twinis de peluche para llevaros...
Llegué a la residencia a las 23 horas. Me recibió un conserje muy amable, que me instaló y enseñó todo el edificio, que por cierto es muy bonito, con una parte construida en época colonial. Ya os hablaré de él. Del edificio, digo.
En fin. Pronto tendréis una próxima entrega. Con los mejores momentos de los primeros días, las reflexiones más audaces que se hayan hecho sobre el mundo anglosajón y mis primeras impresiones sobre Melbourne y sus gentes.
Como adelanto os diré que estoy muy contento, que esto es una pasada, que en la residencia hay una colonia de cinco o seis españoles estupendos que me estaban esperando y que están haciendo mi estancia muy agradable (gracias guapas). Ah!...y que en los árboles de enfrente de la residencia hay sueltos una especie de bichos, entre ardilla y mapache, de un metro que se llaman “possom” (creo) y que son casi tan graciosos como los Twinis... Sin duda, esto promete. Os ama, y besa, J.

9 comentarios:

Ita dijo...

Amigouuuuu!!!
Qué alegria de leer tus pelabras y hazañas australianochinas!! En esas montañas verdes que se veían desde el aeropuerto de hong-kong, es dónde se encuentra el buda más grande del mundo (o por lo menos eso dicen los chinos) Estoy intentando poner la foto del buda, pero me es imposible, como no yo y mis problemas informáticos!!!
¿me encantaria haberme podido ir contigo y visitar ese país tan llamativo como lejano, pero no te procupes que estoy empezando a aprender a decir NO A LAS GUARDIAS y de momento voy progresando, solo lo hago en sueños, pero espero que para noviembre lo consiga y pueda irme contigo a recorrer Australia y con los POSSom!!
Bueno espero que sigas escribiendo tus hazañas y nos veamos a diario por aqui. Muchos besitos!!! Estoy muy orgullosa de ti. tqm. I

Nico dijo...

cada possom de esos somos nosotrpos reencarnados, estaremos en las copas de los árboles, como ratas baratas, cuidandote y dándote ánimos!
los twinis!!!
MUAKSSSSSSSSS X1000
Nico

Sr. Baxter dijo...

juaaaaaaaajuajuajuajua, que grande, por favor... tenemos que especializarnos ya en literatura de viajes de humor...me alegra que estés sano y feliz, amigo, iba a mandarte hoy un mensaje precisamente para saber si seguías respirando... por el lejano Oeste de USA me fue muy bien, ya te contaré... abrazos y mucho cariño antipódico!!!
Cómete un possom con puré de manzana!!

Nacho

elena dijo...

Y lo mas bonito del mundo!Me lo he pasado genial leyendo tu viaje!es que eres de divertido....Si eso mismo lo cuentas en el club de la comedia, ganas seguro(lo mejor la foto de las chanclas).es que te quiero mucho...eres el mejor!!!!
Yo sigo igual en mi cadiz, aprovechando los pocos dias de sol y calor que nos quedan.Tu sigue escribiendo que yo intentare contestarte todos los dias.MILLONES DE BESITOS EHHHHHH

jose dijo...

O como mantenerse impávido en el trabajo mientras se lee el blog... lo cual resulta más ridículo. Así que entre carcajadas abortadas, ojos abiertos y emoción es imposible hacerse el trabajador de promotora seria.
Cuidáte pibe.

Cuestión de azar... el sábado me encontré en vcia con mi excompañera capoeiristica Zoe, la australiano-neozelandesa, ya ves.
Que pequeño es el mundo antípodo.

Jerom dijo...

Hola Jotono:

Somos Marisa e Isaac. Hemos difrutado mucho con tu literatura de viajes. Nos alegramos de que estés bien y de que hayas llegado, que no es poco. Muy buena idea lo del blog. Nos gustará saber de ti por este medio que a Marisa y a mí nos encanta.
Sabes que por aquí se te aprecia mucho y se te echa de menos.

Besos

Marisa e Isaac

Oscar Garcia dijo...

Hola Jotono, no veas la envidia que me dió cuando me dijo Ita que te ibas pa las Australias, mare mía que tío. Que decirte que me he escojonao vivo leyendo tus divertidos comentarios, tío no lo dejes, yo creo que tu vena artística va por ahí. Tenías que ver la cara de los guiris que hay en la recepción del hotel (estoy en Alicante, donde tocamos ayer) viendo partirme el culo yo solo. Bueno espero que nos sigas deleitando con tu literatura humorística de viajes. Cuidate mucho. Un beso muy fuerte. Oscar

Jerom dijo...

Marisa e Isaac:

Vaya risas, esperamos con animal deseperación la continuación.

Sigue disfrutando

Marisa e Isaac

Daniel Marcos dijo...

Hola Jotono,

Mi hermano me había hablado de tu blog desde que lo abriste... pero la verdad... hasta ahora no me he podido poner tranquilo a leerlo y he empezado lógicamente por la primera entrada. Y ahora seguiré leyendo cada día una entrada hasta alcanzar por la que tú vas.

¿Qué quién soy? Soy Dani, el hermano del marido de tu prima.

También tengo un blog... bueno... dos... pero solo actualizo "El Libro Abierto de Daenyel". Si te aburres y no tienes nada mejor que hacer, te pasas.