viernes, 14 de septiembre de 2007

LA ADAPTACIÓN. MELBOURNE (I)

En el arco de entrada al campus universitario de Melbourne hay un gran cartel azul que dice “The Evolution stars here”. Señoras, señores: cuánta razón. Y no lo digo sólo por la universidad que comienza justo pasado ese punto. Lo digo también por el mismísimo suelo en que se asientan los cimientos de esa puerta, el suelo de Melbourne.

Si yo fuera una ciudad europea y me preguntaran qué quiero ser de mayor contestaría sin dudarlo: “yo quiero ser Melbourne”. Cuando hace dos años fui a ver a “Depeche Mode” con mi hermano J., salí del Palacio de los Deportes con la mágica impresión de haber contemplado un fragmento del futuro. Creí haber estado durante dos horas en presencia de cinco señores capaces de transformar el presente en lo venidero, a través de sonidos pasados y nuevos. Esa es la sensación que he tenido desde que llegué a Melbourne.

Porque Melbourne, al menos para mí, podría ser la perfecta tendencia de Occidente.
En esta ciudad conviven felizmente los rascacielos con barrios kilométricos de casas de dos plantas, las bicis con los coches y los carros de caballos, los tranvías con los peatones (si Gaudí hubiera sido de aquí seguiría hoy entre nosotros; aunque ya tendría 154 años el mocico...).
Cuando paseas por el centro (la “city”) tan pronto tienes la sensación de estar en medio de “Blade Runner” como crees que te encuentras en la Inglaterra más victoriana.

Podríais decir que eso también pasa en Londres. Pues no, yo creo que no pasa en Londres. Es algo mucho más fresco, más nuevo, menos enquistado por el devenir de los siglos pero respetando con admiración cada una de las huellas del corto pasado que tienen.

El día después de llegar, y con el jet-lag dándome patadas en la casquería, mis niñas españolas me llevaron de paseo por la city, algo rápido porque habíamos quedado con mi profesor para hacer una barbacoa en su casa (aquí los catedráticos sí que saben dar la bienvenida). Estuvimos solamente por la calle principal, Swanston St., y bueno... los cinco párrafos que acabáis de leer se hicieron sitio de inmediato en el espacio que iba dejando el desplome de toda mi orgullosa y apolillada mentalidad europea.

Un ejemplo. En esta misma calle se encuentra la Biblioteca central del Estado de Victoria, el equivalente a la Biblioteca de la Comunidad de Madrid o la Nacional de Cataluña. Pues bien, desde que entramos hasta que salimos nadie nos pidió la más mínima identificación; era domingo y había muchísima gente sentada en los salones charlando, leyendo, navegando por el WIFI gratuito... Todo amabilidad y libertad (controlada, tampoco esto es Sodoma), infinidad de libros de libre acceso, espacios para trabajar en grupo o para hacerlo en silencio... Y ahora viene lo bueno. Preguntamos por la sala general, que es el lugar más antiguo y respetable de la “State Library”, y... ¿sabéis cuál fue la primera imagen que vi nada más entrar?... Unos padres leyendo y comentando los libros felizmente sobre una mesa... con sus dos niños jugueteando por allí... y el mayor correteando vestido de Superman!. Genial. Imaginad esa misma situación en cualquier biblioteca española. ¿Ya?, ¿a que no?. Pues a eso me refiero. Melbourne es el futuro.
Con este agridulce pensamiento me fui con mi nueva compañera de fatigas musicales, M., a la casa de mi profesor y ya amigo J. G. y su encantadora mujer B. La sensación fue simplemente maravillosa. Estar con el reloj biológico medio día adelantado, literalmente en la otra punta del mundo, más perdido que Händel en el FIB, en casa de gente que no había visto en mi vida... y sentirme tan querido... como si acabara de llegar el hijo prodigo del destierro... ay, esto no tiene precio. Gracias, gracias... Cuando vengáis a mi tierra os voy a poner finos.
Respecto a la barbacoa os diré que esta gente sabe lo que se traen entre manos (algo normal en un país donde la mayoría tiene en su casa un espacio donde comer al aire libre y hay anafes públicos en los parques para los fines de semana): material de primera, parrilla circular y madera de eucalipto... en fin, la felicidad se hizo carne ante nosotros.
De este primer día nada más que decir salvo que, aunque había dormido bien y a mi hora la noche antes, me dio un bajón por la tarde que pensé que la Parca venía a por mí vestida de twini con guadaña... algo así...
Pero no, al parecer ese es el punto de inflexión del jet lag... y a la mañana siguiente estaba en marcha. Ya empezaba a jugar en casa.
Toda esta semana la he pasado adaptándome al horario australiano: desayuno a las 7-8, biblioteca, lunch a la 13, biblioteca, cena a las 18-19, 20-23 entretenimientos variados, 23.30 a la cama. Y la verdad es que muy bien, realmente es un horario muy sano y sobre todo natural: te levantas con los pájaros, comes con las vacas, cenas con los possom, vas al baño con las ranas, y a la cama... con quien te deje, como en todas partes. Voy a volver a España como un reloj... que inevitablemente empezará a retrasarse nada más pisar Ceuta. Qué le vamos a hacer, así “semos”!... nunca seremos una primera potencia europea. Pero oye: pa’qué!... La residencia en la que estoy es una monada. Hay dos zonas: la “Old house”, que son unos edificios de época colonial muy bonitos, con las estancias comunes, biblioteca, televisión, ping-pong... y la “New house”, que es donde estoy yo, construida hace poco en medio de las dos alas antiguas y que parece un hotel de cuatro estrellas.

A parte del mobiliario moderno no hay mucha diferencia con la “Old house”, bueno sí, que no tiene grietas, ni manchas de humedad, ni cuartos de baños comunes... (cara de sarcasmo, sonrisa maliciosa...). Resumiendo: que he elegido bien y estoy en la gloria... y mis compañeras españolas, que están en “Old house”, simplemente, me envidian y odian (continúa sonrisa maliciosa). No os enfadéis, chicas, (voz de Constantino Romero) ya sabéis que mi cuarto con “mega-ducha-privada” y yo siempre estaremos abiertos a vuestras propuestas... (je!, fin de la voz. Os quiero).
También os cuento que en este país, a parte del idioma, el sistema burocrático y el estilo victoriano, hay una cosa que constantemente te recuerda que Australia fue una colonia anglosajona: la pasión por las moquetas. Todo está enmoquetado, casi puedes ir sin zapatillas desde el aeropuerto a cualquier zona del continente, incluido el desierto. Había un proyecto del Gobierno Federal de enmoquetar a los aborígenes, pero estos han protestado porque al parecer la moqueta pica por dentro.
Para ir concluyendo la crónica de esta primera semana os hablaré un poco más de la universidad, mi hábitat natural aquí y reflejo -o viceversa- de la imagen de Melbourne que quiero transmitiros.
Representa por un lado un espíritu puramente colonial del XIX: hacer en el cono sur un Oxford o un Cambridge, con sus claustros neogóticos, capillas típicas de la campiña inglesa y colegios mayores de pelirrojos con chaqueta y corbata. Por otro está el estilo Australiano: una gran burocracia pero que fluye con amabilidad (ya os dije que todo aquí es así), muchísimo dinero privado (supongo que el único fallo), un alumnado muy cosmopolita (sobre todo oriental), y unos medios materiales e informáticos que en España todavía ni soñamos. Por ejemplo, os diré que la biblioteca central del campus es un edificio inmenso con millones de libros de acceso directo y consulta libre para todos. Sólo la sección de música tiene más bibliografía de música española que algunas de nuestras facultades de musicología (!!). Empiezo a pensar que esta gente se diferencia de nosotros, principalmente, en que la mayoría cree en las cosas, quieren conocerlas y se emocionan con ellas; tienen todo preparado y a punto con la ilusión de que alguien vendrá y le dará uso. Y esta misma filosofía la aplican lo mismo a las bibliotecas que a los baños públicos, tanto autoridades como usuarios... Si consiguiéramos crear una sociedad donde conviviera todo esto con nuestro pasado y nuestras inmensa cultura, vida y tradición mediterráneas... el día del juicio final... nos iríamos igualmente todos a la porra... pero con la cabeza bien alta.
Pero claro: imaginad por un momento que en la puerta de entrada de Ciudad universitaria el rector pone un gran arco con un cartel que diga “La Evolución empieza aquí”... ¿Escucháis las risas?, ¿hacemos apuestas a ver cuánto duraría el cartel intacto?... En Melbourne las pintadas reivindicativas existen, pero se hacen con tizas de colores... Quizá el avance de la sociedad comience logrando que escribamos en las paredes de los demás con tizas rosas y azules, y no con un spray que emborrona cualquier buena intención...
Poco más. Que os echo de menos (aunque podré aguantar unos meses), que mi inglés aún es baratísimo y estoy muy frustrado, que todavía no he tenido ocasión de ver la cruz del sur en condiciones y... que me ha cambiado la concepción del mundo. De pronto todo me parece más pequeño y más grande a la vez, pero ya os machacaré con eso y con otra reflexivo-aburrida entrega sobre Melbourne. Mas no desesperéis: la siguiente entrega será una jovial y divertida crónica sobre mi primera visita a los alrededores: el parque natural "Wilsons Promontory".
Mil gracias a todos por leerme y escribirme esta semana...
Desde el lugar donde los ciervos no tienen cuernos y saltan a dos patas con los cervatillos en una bolsa... os ama y besa. J.

5 comentarios:

jose dijo...

Has olvidado mencionar la faceta más importante de Mel Bourne como diseñador de producción de las mejores películas de Woody Allen. Me extraña que no has dicho nada, pero allá tú.

Ita dijo...

Amigouuu!! Como nos encantan tus entregas , nos das varias razones para mirar a diario el correo, saber que estás bien, hacernos participe de esa gran aventura y alegrarnos el día. Sigue disfrutando y contándonoslo para así disfrutar contigo de ese país tan maravilloso. Muchos besitos amor. PD: hoy he dio a VAlencia con un neonato en helicóptero!!! y a la vuelta tras una gran tormenta hemos visto todo el pasisaje entre Valencia y ALicante y es una pasada, todas las nubes y las montañas sobresaliendo de las nuves y de repente aparece BEnidorm con su sol continuo y cegador, como si no hubiera llovido, ni existiera la lluvia, Ha sido todo un espectáculo!!!.
Te seguiremos escribiendo y esperando tus queridos relatos. Besos mil.

Maximus dijo...

Qué grandes crónicas. Ese hemisferio te necesitaba. ¿Sabes que te envidio, mi pequeño apple-twini? No dejes de contarnos tus aventuras, que nos hacen a todos un poco más australianos. Un abrazo desde la tierra en la que la evolución terminó hace muchos años. Y la que quedaba se la vendimos a la UE.

Gran blog.

elena dijo...

shicoooooooooooo!!!como me gusta las cosilas que nos cuentas, aunque me parece que aqui somos autenticos neardentales que no sentimos ningun respeto por la propiedad!!lo mejor la foto del koala....si es que creo que os pareceis y todo jajaja.
un besito y cuentanos mas cosillas que me encanta...mi vida tan monotona como siempre asi que no te puedo contar nada de interes...mas besitos pa mi niñoooo

Daniel Marcos dijo...

Jotono,

Después de leerte me entran unas ganas de irme a Australia que si el año que viene vuelvo a tener beca del Ministerio para hacer un curso en el extranjero creo que Melborne va a ser mi elección.