martes, 18 de septiembre de 2007

LA PRIMERA VISITA: WILSONS PROMONTORY (VICTORIA)

Si el sábado 8 hubierais abierto el Google Earth sobre las 7 de la mañana hora española y ampliado la punta más meridional de Australia, justo encima de Tasmania, probablemente me habríais visto sentado encima de un monte, frente a una playa de arena blanca y rodeado de arbustos, más feliz que Jack el destripador comiendo callos. Os hablo, amiguitos, de mi primera visita de fin de semana: Wilsons Promontory, una reserva natural a unos 240 km al sudeste de Melbourne, llena de bosques de eucaliptos y de marsupiales dispuestos a comérselos.
La idea partió de dos chicos de la residencia –K. y C., un alemán y un inglés, a los que no entiendo casi nada todavía–, y allá que nos fuimos, en una furgoneta alquilada, los susodichos y seis españoles más, todos muy ilusionados pero bostezando mucho ya que salimos un rato la noche anterior...
Paréntesis: la referida fiesta fue en una zona muy interesante, hacia el este de Melbourne, llena de locales con música en directo; había un sitio con la fachada de colores que se llamaba la “Casa Ibérica” (!!), que no sé aún qué es, porque estaba cerrado, pero ya lo exploraré. Estuvimos en una sala grande, muy diáfana y con un mini-escenario en el centro de la pista donde tocaba un grupo funki-rap-latino-tocoloquemeches.com. Sin duda lo mejor del conjunto era el batería, de una sensibilidad rítmica exquisita... con ganas me quedé de proponerle matrimonio, porque un batería así... ay madre!, qué daría yo por un batería así...!
Después de estar un buen rato bailoteando y observando el entorno llegué a varias conclusiones:
a) Me reafirmo: Melbourne es genial, amemos Melbourne.
b) Yo de mayor quiero tocar la batería como ese chaval, amemos a ese chaval.
c) Lo siento australianos: definitivamente las españolas son las mujeres más guapas y femeninas del mundo. En verdad os digo: amadlas.
d) Los "melbournianos" son muy amables pero no controlan bien la psicomotricidad gruesa cuando beben por la noche: si no me empujaron 30 veces (con su correspondiente “sorry”, eso sí) que venga y me muerda la sepia culona. Amemos la sepia culona.
Como seguiré investigando la noche antípoda, supongo que profundizaré en otra crónica, así que lo dejo hasta entonces.
Bien. Desayunamos en una especie de restaurante de carretera camino de Wilsons, que podríamos describir como un cruce entre una venta de Castilla la Mancha con moqueta, y sin perdices disecadas, y una sala de tragaperras de las Vegas. Como curiosidad os diré que en el baño había pegatinas con información sobre la ludopatía, ayuda que los cinco australianos risueños que estaban jugando desde las 9 de la mañana parecían no necesitar, a juzgar por la sonrisa que tenían, con su cervezón en una mano y su bolsa de monedas en la otra. En fin...
Sobre las 11 continuamos camino del parque con la ilusión de ver bichos de esos que hay por estas lindes que, aunque te pueden picar y dejarte seco en horas, mearte desde un árbol o patearte la cara en tres saltos, algunos tienen una pinta tan esponjosa y suave que, dado el caso, no te puedes enfadar con ellos, sólo quieres abrazarlos y regalarlos a tus amistades. “Ay possomcito, me has mordido con tanta ternura que... pelillos a la mar... abrázame que estoy muy solo...”, eso diríais todos... reconocerlo, blandos!. Y es normal, porque son seres entrañables y bastante sociables, como en breve os mostraré.
Tras un par de mis adorados mareos en el coche y la horrible visión de un wombat muerto en la carretera (animalito típico del que os hablaré más tarde) llegamos a “Wilsons Promontory”. La primera parada fue para fotografiar esto
que como veis tampoco es muy diferente a Cádiz, pero bueno... la fotografía digital es gratis y la juventud está muy aburrida.
En cambio en la segunda sí que empezamos a sentir intensamente que estábamos en Australia. El objetivo era una playa llamada “Squeaky beach”, a la que se accedía a través de un sendero abierto en un bello bosque de eucaliptos, ya secos por la arena y el viento de la costa. El pequeño bosquecillo me pareció un lugar de una belleza tétrica y distante difícil de apreciar con tanta luz... aunque debo reconocer públicamente que yo pensaba más en esquivar las arañas saltarinas pica-pica que en estas pamplinas... Por supuesto no he visto ninguna todavía porque no suelen habitar lugares frecuentados por homínidos... pero sigo mirando las sábanas antes de acostarme, por si la red-back acecha. Llegamos a la playa y la verdad es que era una preciosidad; muy parecida a las del norte de España, pero quizá con arena más blanca y suave, supongo que debido al coral. O no, tampoco me lo voy a inventar. Lo que sí es cierto es que cuando andas sobre ella con zapatos hace un ruido muy parecido al “scratching”, que habría hecho las delicias de mi amigo P. Ch. Estuvimos por allí un rato tonteando con la arena y paseando sin rumbo, me imagino que algo parecido a lo que todo el mundo hace cuando visita una playa australiana en invierno.

Volvimos por el bosquecillo de Tim Burton, ojo avizor a las “pica-pica”... y al coche, rumbo a la siguiente estación: Mt. Oberon Summit. Antes paramos a comer en un centro de información turística donde unos pájaros de colores intentaron convencerme amigablemente de que mi bocata era de ellos, uno incluso llegó a servirse su ración sin sonrojorse (o sí a juzgar por la foto).

Lo siento chicos alados: mientras siga pesando trescientas veces más que vosotros, el bocadillo es mío. Yo nunca se lo intentaría quitar a una Caterpillar: seguid el ejemplo.
Continuamos. Mt. Oberon Summit no es otra cosa que una cumbre bastante elevada con buenas vistas del parque, a la que se accede por un camino habilitado entre un bosque de eucaliptos impresionante donde hay posibilidad de ver koalas. Que no vimos.
Durante los 4 kilómetros de inevitable cuesta me dio tiempo a pensar en muchas cosas, pero había dos que me asaltaban constantemente. La primera era la impresión de haber pasado por allí mil veces. El frondoso bosque de eucaliptos y helechos era casi igual que cualquiera de los muchos que me he pateado en España: el mismo olor, el mismo sonido... Pero la nueva sensación, lo que de verdad me fascinaba, era que todos esos árboles procedían de ahí mismo, que eran autóctonos y silvestres. Algunos sabéis que el eucalipto y yo rara vez nos hemos llevado bien: nunca me ha terminado de gustar ni el paisaje ni el árbol en sí... quizá porque siempre lo he tenido por un extraño, o porque tiene mala fama –arde fácilmente, chupa todo el agua, etc.– o, simplemente, porque después de un genial domingo en el campo los veía alejarse tras el cristal del 127 de mis padres, indicando que el día siguiente había clase... (qué pasa, hay gente para todo, respetad mis traumas con los árboles, por favor). No lo sé. En todo caso, la cuestión es que mi concepción forestal (?) ha cambiado. Ya amo los eucaliptos. Y cuando vuelva a España y me patee otra vez los montes de la Coruña, por ejemplo, tendré una sensación parecida a la que tuve en Segovia después de estar en Roma, o en algunos barrios de Madrid después de ver París. Entender las cosas a través de su origen, gran filosofía... quizá Aristóteles fuera australiano...
...pero no, no lo era, al igual que no había ni un asqueroso koala y ni un miserable canguro en ese puñetero bosque cuesta arriba, que podía haber visto en Andalucía.
Este, queridos amigos, era el otro pensamiento que me venía con frecuencia.
Pero, sin duda, el esfuerzo mereció la pena cuando los árboles empezaron a desaparecer dejando paso a unas inmensas rocas que anunciaban la proximidad de la cumbre. Y qué cumbre.
No sé qué me emocionaba más si el paisaje, que era realmente bello, con un sol claro que hacía brillar la costa y el río que serpenteaba bajo nosotros, o pensar que estaba en la punta más austral de Australia, valga la redundancia, en un lugar donde después de la isla de Tasmania y el mar ya no hay más que hielo. Pensé mucho en vosotros; en lo que me gustaría compartir todo esto con cada uno... fue muy especial.. y pa' mí me lo quedo.
Después de contemplar aquello, y dar gracias por tener la oportunidad de hacerlo (a mi profe, al Ministro de Cultura y a los contribuyentes, principalmente), nos bajamos la cuesta con soltura. Los dos pensamientos recurrentes de la subida volvieron en la bajada: el primero a mi cabeza y el segundo a mis rodillas. Para evitar éste último, estuve canturreando y enseñando a las chicas a hacer el canto del búho con las manos. Búho, que al igual que el koala, no se hizo presente dejando en entredicho mis habilidades didácticas. Una vez más.
Tras la marcha hicimos varias fotos, algún estiramiento... y nos fuimos camino de vuelta hacia Melbourne. Pero el viaje no acababa aquí, la caída del sol nos tenía preparada una sorpresa: ¡wombats (ahora vivitos y coleando) y canguros!. Los primeros son unos seres realmente adorables, y como podéis ver en la fotografía son una mezcla entre oso y koala. Los gritos de ilusión que dimos cuando vimos el primero, en el mismo arcén de la carretera, fueron tales que me sorprende que el wombat no se hiciera el muerto, o vomitara al menos. Algo parecido pasó cuando, de nuevo en marcha y no lejos de la salida del parque, alguien exclamó “¡canguros!”, con la consecuente salida casi en marcha de la furgoneta, como la aerotransportada. Los primeros tres que vimos estaban medio escondidos en unos arbustos; después, en un campo abierto, descubrimos otros dos más, un wombat, y dos conejos (a los que no hicimos el más mínimo caso, pobrecitos, son tan normales...). Estos ya los disfrutamos con serenidad y madurez, igual que los tres o cuatro wallabíes, canguritos pequeños muy monos, que casi atropellamos por el camino.

En la vuelta, irremediablemente, me quedé dormido. Pero antes tuve un breve momento de lucidez para contemplar el cielo del hemisferio sur, con decenas de constelaciones que no había visto jamás y de las que no sé absolutamente nada. Ya tengo ganas de dedicarle un rato a disfrutar esto, a ver si la semana que viene en la Gran Barrera tengo la oportunidad... Pero antes sufriréis una cuarta entrega sobre el ya asentamiento en Melbourne, donde os hablaré de la cotidianeidad en la residencia, de una fiesta muy curiosa a la que asistí este viernes pasado, de mi visita al Zoo y de la segunda salida de fin de semana (de la que volví antesdeayer 16): Phillip Island, la isla de los pingüinos y de los koalas... ¿los habré visto esta vez?. Todo aquí: en “Culo en burra”!, el blog más famoso del cono sur!, tanto que en Victoria ya han fundado una localidad con su nombre

Desde el país donde atropellar un marsupial es tan fácil como proponérselo, os ama y besa. J.

12 comentarios:

MEGAFRIKI dijo...

Hola wapo! he llegado d vacas, y al fin me he enterado d tu blog. ahora no tengo tiempo para leer pero prometo q lo haré.
bss

Sr. Baxter dijo...

Es definitivo. Es inapelable. Con sólo tres entradas, tu blog se ha convertido ya en un clásico, en un referente, en parte de la Gran Historia de la Risa, esa historia que se escribe con los dientes y las mandíbulas de los hombres y mujeres pasados, presentes, y futuros. Durante la lectura de tu último artículo, he proferido 10 risas suaves, 6 sonoras risotadas, y 3 carcajadas histéricas, de entre 4 y 6 segundos.
Espero que sigas escribiendo, con la misma asiduidad, el mismo volumen de texto, la misma precisión y elegancia fotográfica, y el mismo tipo de letra.
Me permito hacerte algunos requerimientos:

- Queremos fotos de tus amigos, y especialmente de tus amigas.
- Queremos fotos tuyas con el entorno.
- Queremos fotos de tu clásico profesor.
- Queremos fotos de tu habitación, donde se vea con claridad el armadillo de peluche, que espero hayas llevado contigo.
- Queremos fotos de tus amigas contigo, para que no nos engañes y cuelgues fotos del equipo de animadoras de la Universidad de Canberra.

Dicho esto, añado que te llamaré en breve por teléfono para que me hables de los eucaliptos tras tu conversión, jeje.

Un abrazo!!

Nacho

Anónimo dijo...

hola joto guapo muah!!!
Siento no haberte escrito antes pero estoy muy liado,solo quiero saludarte y prometo que mas tarde escribire un poco mas, solo decirte que te quiero y que eres un crack!!! te hablo luego

Anónimo dijo...

hola

Anónimo dijo...

no va

Ita dijo...

Hola guapetón,que emoción , te estoy imaginando en la cima de aquella (lo que sea) observando ese maravilloso paisaje y chillando de esa alegría orgásmica que todos sabemos que desprendes !tengo barro australiano en las botas!!!!! no las pienso lavar en la vida, jejeje (te acuerdas cuando estuvimos en Escocia,que recuerdos)Como me encantraía estar ahi y poder compartir todas esas maravillas, pero no puede ser, lo bueno de todo es que tenemos al mejor cronista de viajes que nos relata sus mejores experiencias en esas tierras tan lejanas. Amigouuuu ten cuidado con las pica-pica y porfa sigue asiiiii. Te quiero mucho amor!!!!!

Ruth dijo...

aprovecha todo lo que puedas. y sigue relatando así de bien.
impresionante ver algún pobre canguro atropellado en la carretera...verdad?...
lo de Blade Runner lo has clavao'. un beso de una ex-visitante-"melbourniana" con ganas de volver.., Ruth.

elena dijo...

HOLA GUAPO....me encantan tus relatos, ya has dejado muy patente que si no te va bien en el mundo del arte, seras un escritor de cronicas mundialmente famoso porque estoy realmente enganchada a tu viaje. Sigue asi, te queremos.Por aqui ya ha entrado el otoño; en estos momentos son casi las 12 de la noche y el dielo esta totalmente iluminado por relampagos, asi que se nos acabo lo bueno.por cierto estoy hablando con ita y te landa millones de besitos a ese culito tan bonito.besitos milllllllllll. sigue contandonos cosillas.muak

MEGAFRIKI dijo...

al fin he podido leer esta entrada, para cuando más?

que bueno leerte, con tus metáforas graciosísimas.

y es cierto el conejo es normal pero el otro día pensaba yo en comprarme uno d mascota, tan suave q él es.

bss bss bss

MEGAFRIKI dijo...

y tb acabo de leer la atenrior y me he muerto de risa con lo de händel en el fib, y la moqueta y te envidio porq siempre he querido ir a australia y vivir ahí y encontrarme a unos padres en la biblioteca con uno d sus hijos vestido d supermán...

Ruth dijo...

a ver si actualizamos, hombre!!!!!!
se ve que no te aburres nada. : )
muchos besos

Daniel Marcos dijo...

Me ha encantado. Por todo lo que cuentas Australia debe ser increible.
Algún día iré.